piscina y el asma

Piscinas cloradas pueden provocar asma y bronquitis en tu bebé

Asma: alergia, natación y cloro

Según un estudio realizado por la Unidad de Toxicología de la Universidad Católica de Louvain, en Bruselas, los niños que nadan en piscinas cubiertas cloradas, tienen más probabilidades de padecer asma y bronquitis recurrentes. Y es que, aunque nos parezca una contradicción, en este caso, la higiene sí está reñida con la salud.

El índice de padecer estas patologías se incrementa si los niños que practican habitualmente los programas de natación, no superan los 4 años de edad. Aún así, no es conveniente que los pequeños realicen natación hasta los 6 ó 7 años. No obstante, esta afirmación choca con la última moda que ha surgido entre los padres y las guarderías privadas.

Hoy en día queremos que nuestros hijos aprendan a nadar lo antes posible y, para ello, les ofrecemos un cursillo de natación adaptado según la etapa y desarrollo evolutivo del niño pero, no nos damos cuenta de los posibles efectos secundarios que este hecho puede tener.

Especial precaución

Si entramos en una piscina cubierta de repente, nos viene un olor fuerte a cloro, pues bien, se trata de tricloramina, sustancia responsable de este peculiar aroma. Es la causante de provocar alteraciones en las vías respiratorias, predisponiendo a los más pequeñines a padecer asma o bronquitis recurrente.

Estamos hablando es un gas muy volátil y reactivo que se constituye cuando el cloro entra en contacto con el sudor, la saliva o la orina de los nadadores. En realidad, este gas, es dañino también para las personas adultas pero, en los bebés y niños de corta edad los castiga de un modo peculiar.

Sí que es verdad que los programas de natación se suelen adaptar bastante bien al crecimiento del bebé, no excediendo la duración de los mismos, de los 30 ó 40 minutos. Pero se nos olvida que sus pulmones son muy jóvenes y este irritante les puede afectar en exceso.

Pero, si lo comentado anteriormente, nos había alarmado, aún diremos más. El aire de la piscina, especialmente el que se encuentra justo encima del agua está contaminado por aerosoles que también pueden dañar al niño.

Cuando el pequeño mete la cabeza debajo del agua, diminutos volúmenes de agua clorada vencen todas las medidas de seguridad con las que cuenta el organismo para impedir que el agua entre en los pulmones.

Esto es: el lactante aún no controla adecuadamente su respiración entonces, cuando el bebé traga agua, la laringe se cierra rápidamente intentando proteger al organismo. Así muchos piensan que el agua no llega a los pulmones pero, no es así.

Cuando el bebé sube a la superficie, la laringe no puede evitar que, algunas veces, pequeñas cantidades salten su barrera de protección, dañando al pequeño.

A pesar de la gravedad del asunto, los investigadores cuentan con una muestra bastante reducida de casos. Es entonces cuando recomiendan precaución a la hora de llevar a los lactantes con regularidad a las clases de natación, las cuales se realizan en un medio con un mantenimiento deficiente y excesivo porcentaje de cloro en el agua y en el aire.

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