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Cáncer cervical

Consideraciones generales

El cuello de útero es la parte más baja de este y es la zona del cuerpo en la que crece el bebé cuando nos quedamos embarazadas. El virus del papiloma humano (que se contrae a través de las relaciones sexuales) guarda relación con esta enfermedad.

El cáncer cervical uterino es el segundo cáncer que más afecta a la mujer a nivel mundial, tras el de mama. En España, aunque es un país con incidencia baja, aparecen unos 2000 casos anuales.

Su desarrollo generalmente es muy lento y comienza como una afección precancerosa llamada displasia. Esta se puede detectar por medio de un examen en laboratorio de células tomadas en un raspado del cuello uterino, que se conoce como citología vaginal.

Casi todos los cánceres cervicales son causados por una infección del virus del papiloma humano (VPH), una enfermedad de transmisión sexual.

Existen muchos tipos diferentes de VPH y algunos de ellos no causan problemas. Sin embargo, otros son oncogénicos, es decir, no causan cáncer directamente pero sí lo facilitan. Más del 70% de cánceres de cuello del útero están causados por algún tipo de virus del papiloma humano.

Se trata, además, de un virus con altas probabilidades de transmisión en relaciones sin protección y el uso de preservativo sólo previene de manera parcial. La infección es más frecuente en los primeros años tras el inicio de las relaciones sexuales, que se considera hasta los 25 años de edad.

La mayoría de las infecciones duran entre uno y dos años. Para desarrollar el cáncer es necesaria una infección por VPH más duradera. De hecho, sólo el dos por ciento de las mujeres infectadas desarrollará lesiones precancerosas que, sin tratamiento, pueden evolucionar a cáncer uterino, normalmente entre 10 y 20 años después de que se produzca la infección.

Las lesiones precancerosos no detectadas pueden terminar en cáncer cervical y diseminarse a la vejiga, los intestinos, los pulmones y el hígado. Puede tardar años para que las lesiones se conviertan y los pacientes con esta afección generalmente no tienen problemas hasta la enfermedad ya es de extrema gravedad.

Síntomas

Normalmente, no presenta síntomas. Aun así, es posible que aparezcan los indicios siguientes:

  • Flujo vaginal continuo, que puede ser acuoso, rosado, marrón, sanguinolento o de olor fétido
  • Sangrado vaginal anormal entre periodos, después de la relación sexual o después de la menopausia
  • Períodos menstruales más abundantes y que duran más de lo normal
  • Cualquier sangrado después de la menopausia

Los síntomas del cáncer cervical avanzado comprenden:

  • Pérdida del apetito y de peso
  • Fatiga
  • Dolor de espalda, en la pelvis y en las piernas
  • Inflamación en una sola pierna
  • Sangrado vaginal abundante
  • Fuga o filtración de orina o heces por la vagina
  • Fracturas óseas

Tratamiento

El tratamiento del cáncer cervical depende de la etapa del cáncer, del tamaño y forma del tumor, la edad y la salud global de la mujer y de su deseo o no de tener hijos en el futuro.

En las etapas más tempranas, la enfermedad se puede curar con la extirpación o destrucción de los tejidos precancerosos o cancerosos. Existen diversas formas de operar sin extraer el útero ni dañar el cuello uterino, de tal manera que la mujer pueda tener hijos en el futuro.

En los casos de cáncer cervical avanzado, puede realizarse una histerectomía radical, con la cual se extirpa el útero y mucho de los tejidos circundantes, incluyendo los ganglios linfáticos y la parte superior de la vagina.

Es posible también utilizar la radioterapia o quimioterapia para tratar los casos en los que se haya diseminado más allá de la pelvis o si el cáncer ha reaparecido.

Prevención

La Asociación Española de Pediatria incorporó en su calendario la vacuna contra el VPH en 2008 y recomienda inmunizar a todas las niñas desde los 11 a los 16 años, ya que la vacuna es más efectiva en este rango de edad.

Se obtiene a partir de partículas que simulan el virus pero que no son infecciosas ni cancerígenas y que estimulan la producción de defensas y anticuerpos. Es una vacuna segura y con una eficacia mayor del 90% frente a la infección transitoria y permanente por el VPH.

Actualmente, no se sabe con certeza cuánto tiempo dura su efecto, por lo que se desconoce si serán necesarias dosis de recuerdo.

Aun así, incluirla en el calendario vacunal no significará que se eliminen las revisiones periódicas frente al cáncer cervical, que puede producirse también por otras causas.

Los exámenes pélvicos anuales, incluyendo una citología vaginal, pueden ayudar a detectar cambios precancerosos que pueden tratarse antes de que se conviertan en cáncer cervical. Se deben iniciar cuando la mujer se vuelve sexualmente activa o, en general, a partir de 20 años.

Asimismo, el hecho de practicar relaciones sexuales con protección también reduce el riesgo de contraer VPH, además de otras enfermedades de transmisión sexual.

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