INTOLERANCIA A LA LACTOSA

¿Qué relación hay entre la intolerancia a la lactosa y la celiaquía?

Intolerancia a la lactosa y celiaquía: ¿Cuál es su relación?

Se calcula que el 1% de la población padece celiaquía, un problema que en España está aumentando a ritmo del 15%, aunque se estima que muchas personas no están diagnosticadas. Este problema, que puede encarecer bastante la cesta de la compra y provocar una deficiencia nutricional si no se planifica adecuadamente el menú semanal, a menudo va ligado a la intolerancia a la lactosa.

La importancia de las enzimas para descomponer la lactosa

La lactosa es el azúcar que se encuentra en la leche de los mamíferos: vaca, cabra, oveja y en la humana, aunque también puede hallarse en muchos alimentos preparados. Dado que la lactosa es un azúcar complejo y nuestro organismo solo puede absorber azúcares simples, necesitamos descomponerla en dos elementos: glucosa y galactosa.

Este proceso ocurre en el intestino delgado, donde se hallan las vellosidades intestinales, que contienen las enzimas encargadas de descomponer la lactosa, el gluten, la fructuosa y el sorbitol. La enzima que descompone la lactosa para facilitar su digestión se denomina lactasa.

Cuando el nivel de lactasa es bajo, la lactosa no se descompone y continúa hasta el intestino grueso. Entonces causa los problemas típicos de la intolerancia: dolor y distensión abdominal, náuseas, vómitos, diarreas o estreñimiento y flatulencia. Algunas personas pueden padecer otros síntomas, denominados sistémicos, que están relacionados con la producción de metabolitos tóxicos. En ese caso pueden sufrir cefalea, fatiga, dolor muscular y articular, úlceras bucales, nerviosismo y problemas de concentración.

La intolerancia a la lactosa puede ser un problema primario o secundario a otra patología

Si la intolerancia es de origen genético, la pérdida de lactasa continuará a lo largo de la vida y a la persona le resultará cada vez más difícil digerir la leche. No obstante, en algunos casos la intolerancia a la lactosa puede ser transitoria, lo cual significa que nuestro organismo produce menos lactasa debido a trastornos que afectan al intestino delgado.

Intolerancia al gluten

La celiaquía es uno de los problemas que afecta nuestra capacidad para descomponer la lactosa puesto que daña directamente las vellosidades intestinales. Al provocar una atrofia de la pared intestinal, no solo se afecta la descomposición del gluten sino también de la lactosa ya que la cantidad de lactasa que el organismo genera es más baja. Esa es la razón por la cual, cuando se diagnostica la celiaquía, el niño también suele tener un nivel bajo de lactasa y puede sufrir además una intolerancia a la lactosa.

La buena noticia es que en algunos casos una dieta baja en gluten puede solucionar el problema ya que se recupera la funcionalidad de las vellosidades intestinales, con lo cual se soluciona la intolerancia a la lactosa. Sin embargo, no siempre es así. En otros casos, el niño tendrá que llevar una estricta dieta libre de gluten y lactosa.

Los problemas para descomponer la lactosa también pueden estar dados por un desajuste durante la lactancia materna. Al inicio, el delicado sistema digestivo del bebé solo puede procesar el calostro, que es básicamente un agua rica en proteínas, sales minerales y factores inmunológicos. Más tarde el calostro se va enriqueciendo con lactosa y lípidos, hasta que aparece la leche definitiva.

Lo curioso es que la leche materna se enriquece siguiendo el mismo ritmo de desarrollo de las enzimas del bebé. Cuando se produce un desequilibrio, el pequeño no dispondrá de las enzimas que necesita para digerir la lactosa, lo cual provoca una intolerancia.

Otras condiciones médicas transitorias, como la gastroenteritis, el consumo de algunos tipos de antibióticos o un sobrecrecimiento bacteriano también pueden afectar la capacidad del organismo para digerir la lactosa.

Los productos lácteos fermentados son mejor tolerados

Si la intolerancia no es grave, como regla general los lácteos fermentados, como los quesos curados y semicurados, yogures y leches cuajadas, se toleran mejor ya que durante la fermentación se hidroliza la lactosa produciendo ácido láctico. Por otra parte, algunas bacterias típicas de la fermentación suelen estimular la producción de lactasa, a lo cual se le añade que estos productos normalmente son de digestión más lenta, por lo que la lactosa se mantiene más tiempo en el intestino delgado y puede entrar en contacto con la lactasa residual.

Aun así, los padres deben ser conscientes de la importancia de detectar este problema a tiempo ya que, si el niño continúa ingiriendo lactosa, la lesión en la mucosa intestinal se agravará y cada vez le resultará más difícil digerirla.

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