afluenza o 'síndrome del niño rico

Síndrome del niño rico: La importancia de no darle todo a los hijos

5 consejos para evitar que tus hijos desarrollen el síndrome del niño rico

La mayoría de los padres quieren lo mejor para sus hijos, un deseo perfectamente comprensible.

No obstante, el problema surge cuando se mima demasiado a los pequeños haciéndoles creer que tienen derecho a todo tipo de privilegios, no se les pone límites y tampoco se les permite asumir la responsabilidad por sus actos.

Los padres que no les dedican mucho tiempo a sus hijos suelen ser más propensos a poner en práctica este patrón educativo ya que pretenden compensar su ausencia con libertades excesivas y muchos regalos. Estos padres quieren que sus hijos disfruten de todas las comodidades y tengan todo lo que ellos no tuvieron.

Sin embargo, suelen pasar por alto un detalle muy importante: el hecho de que educar no significa llenar a los niños de regalos sino mostrarles cariño y transmitirles valores. Como resultado de esta educación, los niños suelen convertirse en jóvenes desadaptados y rebeldes que muestran una baja tolerancia a la frustración, un problema que se conoce como el síndrome del niño rico.

¿Qué es el síndrome del niño rico?

El síndrome del niño rico, también conocido como affluenza, se difundió en la década de 1990, a raíz del libro “The Golden Ghetto: The Psychology of Affluence”, de Jessie O’Neill, en el que se analiza el estilo educativo y el comportamiento de los niños criados en familia pudientes. A partir de ese momento se popularizó el término affluenza, que combina la palabra ‘affluente’ que significa pudiente, e ‘influenza’, que hace alusión a la gripe.

Algún tiempo después, el pediatra Ralph Minear, profesor de la Universidad de Harvard, hizo mención al síndrome del niño rico en su libro, “El niño que tiene todo en exceso”, en el que explica detalladamente este fenómeno.

Debido al caso reciente de Ethan Couch, un joven estadounidense de familia rica que causó la muerte a cuatro personas por conducir ebrio y que salió ileso en el juicio debido a que le diagnosticaron el síndrome del niño rico, este término ha pasado a ocupar las portadas de los diarios de todo el mundo. Sin embargo, se debe aclarar que la Asociación Americana de Psiquiatría no lo ha catalogado como un trastorno mental.

Básicamente, este síndrome se refiere a la falta de responsabilidad y el exceso de autosuficiencia provocados por consentir demasiado al niño. Este problema suele ser más común en los pequeños educados en familias ricas, aunque no se limita a ellos pues los niños de familias de clase media que han sido sobreprotegidos también pueden desarrollar esas características. Esos niños se convertirán en jóvenes y adultos que creen tener más derechos que el resto, por lo que hacen caso omiso de las necesidades ajenas. Por eso, algunos psiquiatras han relacionado el síndrome del niño rico con el trastorno de personalidad narcisista.

Cuando los niños lo tienen todo, no logran nada

Los niños mimados que han sido educados con un exceso de permisividad terminan sufriendo serios problemas a lo largo de su vida. No solo tienen una baja tolerancia a la frustración sino que también desarrollan una actitud perezosa e irresponsable. En muchos casos, suelen tener problemas para relacionarse de forma asertiva con el resto de las personas, por lo que su círculo de amistades es muy reducido. También suelen tener un bajo rendimiento académico y tienen una visión de la vida y las metas muy reducida porque no son capaces de proyectarse al futuro.

Estos niños suelen ser más propensos a tener una baja autoestima y por lo general terminan desarrollando adicciones y problemas de conducta al llegar a la adolescencia. De hecho, no es extraño que se conviertan en jóvenes rebeldes y caprichosos que disfrutan transgrediendo las normas y avasallando a los demás.

¿Qué puedes hacer para evitar que tus hijos desarrollen el síndrome del niño rico?

  1. Prioriza el amor, la confianza y la seguridad por encima de los regalos.
  2. Enséñale a valorar los bienes materiales y el esfuerzo que se necesita para obtenerlos.
  3. Apuesta por disciplinar con amor y establece límites y reglas bien definidos.
  4. Dale responsabilidades y enséñale a afrontar las consecuencias de sus actos.
  5. No le sobreprotejas, desarrolla su autonomía y dale la libertad que necesita para que desarrolle una autoestima sana.

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