descanso del niño

El sueño en los niños

Calidad del sueño en los niños

Una buena calidad del sueño es esencial para el adecuado desarrollo integral del niño. Es como un taller donde se organiza lo vivido, visto y aprendido durante el día.

La duración del sueño de cada niño es muy variable en función de aspectos como la edad (a menor edad, en general, más tiempo de sueño tendrá el niño), hábitos familiares, actividad física, etc.

La calidad del sueño también es importante para que pueda cumplir adecuadamente su función.

Es la actitud de los padres y cómo enseñan el hábito del sueño al niño de lo que va a depender en gran medida la calidad del mismo. El adquirir mal el hábito del sueño es la causa más frecuente de los problemas de sueño en el niño. Aunque es una cuestión reversible para la que deben establecerse unas pautas de “re-educación” del hábito del sueño.

Esta “reeducación” se debe hacer con tranquilidad pero con seguridad y firmeza, debiendo seguir todos los miembros de la familia la misma pauta para conseguir el éxito en la tarea. Las directrices deben ser únicas y claras.

Hay una serie de pautas generales y fáciles de comprender que es recomendable seguir:

Tener siempre el mismo sitio para dormir, acostando al niño despierto. No se le debe dormir en brazos, ni en el salón ni en otro sitio que no sea su habitación y su cuna o cama.

-Es muy importante desde el primer momento establecer rutinas para ir a dormir. Las rutinas enseñan al niño y le dan seguridad, quitando los miedos. Por ejemplo, baño, cena y acostarlo todos los días sobre las 8.30-9.30. Estas conductas repetitivas son un factor esencial a la hora de enseñar éste o cualquier otro hábito.

Evitar el exceso de estímulos desde una hora antes al menos de ir a la cama. Es mejor ir poco a poco ralentizando la actividad. El cerebro no tiene un botón de “on-off” que podamos activar a nuestra conveniencia. Si el niño tiene una actividad muy intensa con grandes estímulos justo antes de la hora de acostarse, le resultará más difícil conciliar el sueño.

-Comprobar que el lugar donde duerme el niño sea confortable y que el niño está cómodo. Si le gusta dormir con una luz encendida tenue no hay ningún problema en ello, poniendo una luz tenue, o con la puerta entreabierta.

-Se debe acostar al niño despierto, de esa manera “aprenderá” a dormirse él solo y saber que no pasa nada. Así, en los despertares nocturnos que tenga, lo volverá a hacer sin problemas.

-Cuando el niño es pequeño, se le llevará o acompañará a su cuarto, y se puede permanecer con él un pequeño tiempo, contar un cuento o hablar tranquilamente con él, cantar una canción, etc. para relajarlo. Después se debe salir de la habitación.

No debemos acostumbrarlo a dormir con estímulos externos como mecerlos en brazos, mecerlos en la silla, etc. Después no serán capaces de dormirse sin ellos.

Seguridad, tranquilidad, cariño y paciencia son las claves del éxito. Es posible reconducir la situación y que el niño y su familia duerman bien. Pero siempre será mejor empezar cuanto antes, incluso desde el mismo momento del nacimiento, para que la tarea sea más sencilla y el niño duerma bien desde el principio.

Además del insomnio infantil por malos hábitos, hay otros trastornos del sueño menos frecuentes pero también importantes que deben ser detectados por el pediatra. Ejemplo de estos trastornos son las pesadillas, terrores nocturnos, el sonambulismo, los despertares confusionales, los movimientos rítmicos del sueño, el retraso de fase en los adolescentes o el síndrome de las piernas inquietas entre otros.

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