La bofetada: ¿Por qué no es válida como modelo educativo

La bofetada: ¿Por qué no es válida como modelo educativo?

Las conductas inadecuadas se deben corregir, pero recurriendo a las palabras

Muchos padres piensan que una “bofetada a tiempo” evita males mayores. Esta creencia es muy antigua y se basa en la idea de que la letra con sangre entra, que el castigo físico tiene un poder educativo y que, a largo plazo, incluso puede ser beneficioso ya que evita que el comportamiento del niño empeore.

En realidad, la educación de los niños es un tema que despierta mucha polémica y no faltan quienes afirman que entre la teoría y la práctica existe una enorme brecha. Sin embargo, una bofetada no es la mejor manera de educar. Además, se trata de un delito previsto en el artículo 153 del Código Penal, que puede ser sancionado con una pena de prisión que oscila entre 3 meses y 1 año.

La ciencia no deja lugar a dudas: Las bofetadas no enseñan

Un estudio realizado en el Centro de Investigaciones Sociológicas ha desvelado que el 60% de los niños de menos de 10 años han recibido algún cachete. Además, en esta investigación también se comprobó que 6 de cada 10 personas piensan que un azote o una bofetada a tiempo pueden evitar problemas mayores en un futuro.

Sin embargo, la Academia Americana de Pediatría ha indagado en el estilo educativo empleado con unos 34.000 adultos para llegar a la conclusión de que quienes habían sufrido castigos físicos durante la infancia, como las bofetadas, los empujones y los azotes, eran más propensos a desarrollar trastornos psicológicos como la dependencia emocional, la paranoia y la conducta antisocial. Por tanto, la ciencia no deja lugar a dudas: las bofetadas no son educativas. 

Muchos padres piensan que una “bofetada a tiempo” evita males mayores

¿Qué se esconde detrás de una bofetada?

La bofetada no solo implica una agresión física sino también psicológica. El castigo físico deja secuelas en el plano emocional que pueden dañar la autoestima del niño, lacerar su autonomía y generar sentimientos de indefensión, rabia y rencor.

Algunos padres piensan que la bofetada es válida como método educativo pues ven que el niño cambia su comportamiento inmediatamente. Sin embargo, no es más que un espejismo, una respuesta generada por el miedo. En realidad el niño no ha aprendido nada y no ha comprendido por qué su conducta era inadecuada.

Por tanto, cuando se aplica el castigo físico, lo que realmente se está haciendo es legitimar la violencia como respuesta. Ese niño pensará que la agresión física es una herramienta válida para enfrentar los problemas, por lo que no es extraño que después la utilice con sus compañeros de escuela o con su hermano menor.

Por otra parte, la bofetada también esconde una escasa Inteligencia Emocional. La violencia aparece cuando los padres pierden la calma ante situaciones estresantes, es el resultado de la impotencia, el cansancio, el bloqueo o la falta de recursos para enfrentar determinada situación que lleva su paciencia al límite. Por consiguiente, cada bofetada transmite un mensaje negativo y no le ayudará al niño a aprender a manejar sus emociones o a ser más paciente.

¿Qué hacer para corregir los comportamientos inadecuados?

La ley prevé que se reprenda a los niños “con respeto a su integridad física y psicológica”. Esto implica que los padres no deben cruzar determinadas líneas. De hecho, a menudo la educación de un niño implica un proceso de maduración y crecimiento personal a través del cual los padres se convierten en personas más tolerantes y pacientes.

En todo caso, no se debe confundir agresión con firmeza, las conductas inadecuadas se deben corregir pero recurriendo a las palabras y, en última instancia, al castigo, jamás a la humillación o a la violencia física. Si el comportamiento del niño resulta muy difícil de manejar, siempre se puede contar con la ayuda de un psicólogo.

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